
Escrito por: Ángel Hernández Iglesias
A mí siempre me gustó Spiderman. Un tipo joven, athlético, culto y estudiante; pero siempre jodido por la cantidad de problemas que tenía. Miraba a los otros superhéroes y veía que siempre sabían cómo resolver las cosas y salvar el mundo, el universo o lo que fuese. Pero Spiderman no. Spiderman apenas sabía salvarse de un examen de física en la facultad y tenía problemas para lidiar con su propio traje. Una de las escenas favoritas de mi padre y mía era de uno de los primeros cómics y estaba Peter Parker cosiendo unas telas de nylon en las axilas con aguja e hilo y quejándose de haberse pinchado. Quizás veía humanidad en él, a saber…
Pero años más tarde, a la salida de la primera película se hizo famosa la frase de “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Y la gente alucinó. Cartelería, camisetas, pegatinas, etc. El público estaba a tope. Pero de mala manera. Sin pensar. Como viene siendo costumbre en el ser humano. Me explico:

Las personas nos hemos habituado a votar cada cuatro años para conferir poderes maravillosos a unos elegidos para que ejerzan los milagros y nos salven de la catástrofe a la que parece que estamos obligados a ir por una mano invisible. Vamos a ver, Juan, que no. La catástrofe la hacemos día a día tomando decisiones como amebas, para empezar. No hay mano invisible que nos guía, somos nosotros pensando con el codo. Por otro lado, solucionar problemas es algo que todos sabemos hacer, ¿no? Sí, claramente. Lo que pasa es que nos da una pereza digna de un oso en invierno. Alguien podría decir que no es pereza, es que tenemos tantas cosas que hacer que si (cito a un familiar muy amado) “tengo que hacer cada tarea pensando antes en si lo hago porque debo, o porque quiero o porque creo en ello, se me va la vida y las ganas de hacer nada”. Y claro, ante estas circunstancias, pues es mejor elegir a un “comemarrones colegiado” para que haga lo que yo no quiero/sé/apetece hacer, ¿verdad?
Pero luego me quejo. Porque “así es el ser humano”. Pues ya está bien de esa mentalidad, Paco. Hostia ya.
En primer lugar, ¿por qué diablos encargarías a nadie que te solucione algo de quien sólo sabes lo que te cuentan gente que no conoces y para quien eres un número cualquiera en un papel? ¿Es que le pides al del bar de enfrente de tu casa que haga el favor porfi porfi porfi de gestionar tu dinero para emergencias? No, ¿verdad? (verdad que no, Mari Carmen? Dime que no, por los dioses). Entonces si para tus cosas (nuestras cosas, vamos) no le dices a nadie que las solucione, ¿por qué subrogas tus responsabilidades?
Seré más claro: la comunidad de vecinos (melón bueno). Un atasco de bajante, una fachada que adecuar, lo que sea, elige tu miseria al gusto para este ejemplo. Tenéis un presidente/a de comunidad que independientemente de lo que haga, está jodido/a. Si lo hace bien, es de seguro que le vais a encargar más marrones. Si lo hace mal, seguirá hasta el final de su mandato y entonces elegiréis a quien no quiere pero probablemente encuentre una forma de gastar el dinero impropia: contratando un gestor (para qué te hemos elegido, Victoria, entonces?), eligiendo cosas caras porque sí tiene dinero y tú que no llegas a fin de mes, pues patatas; o mi favorito: pasándose los estatutos de la comunidad por el forro amparándose en que es que “nadie le ayuda”.
Y deja ya la mentalidad capitalista devoramentes que te hace elegir siempre la peor de las opciones.
Dejad de comportaros como las personas del fondo de las viñetas de cómic, dejad de ser minions sin personalidad que “eligen” a sus superhéroes (o que aparecen como la virgen de la Macarena) para que les solucionen la ola de atracos de turno. Organízate y échale un cable al vecino porque sí, porque es tu vecino. Y deja ya la mentalidad capitalista devoramentes que te hace elegir siempre la peor de las opciones. Todos somos Peter Parker justo antes del episodio con la araña: humanos a quienes le cuesta trabajo vivir con cierta felicidad.
Y ahora, el melón grande: la picadura de la araña. Cuando te eligen. Cuando sacan tu papeleta de la caja del Polvillo que usáis para las votaciones en la comunidad. El poder.
Ser responsable con el poder es de las cosas más difíciles y limitantes de esta realidad humana. No aprovecharse del mismo para imponer tu criterio. No usarlo como un rodillo para aplastar a quienes se suponen que son “tu gente”. Y por supuesto no hacer justo lo contrario que proclamas a los cuatro vientos que dices que haces. Sé humilde y trata de hacer lo que elige la comunidad que hacer.
“Pero es que Ángel, eso que dices tiene una contrapartida muy grande porque ¿y si resulta que yo tengo razón y los demás se equivocan? O ¿y si resulta que cuando los eligen a ellos no cuentan con mi criterio? ¿No estoy legitimado para hacer lo que quiera ahora que tengo el poder temporalmente?
Ah hola Carlos, gracias por esas preguntas que para nada buscan tener una justificación cicatera en la mente para hacer lo que te sale del alma, machote.
Respondo de manera sencilla: no importa que tengas o no razón. Lo importante es que la comunidad aprenda, incluso si se trata de errores, de forma conjunta. Porque aunque lo soluciones por tu cuenta pasando de la comunidad, querido, lo más probable que ocurra es que nadie jamás recuerde la razón y piense que está bien saltarse a la comunidad y que es bueno elegir a alguien competente e incorruptible para que le solucionen la vida (maaaaaaal, muuuy maaaaaaaal). En otro orden de cosas, que no cuenten contigo cuando tú sí cuentas con el resto no es algo que deba preocuparte en demasía. A ver, esto es así: ser una persona moral e integradora cuesta tiempo y desprecio por parte de otros involucrados. La única esperanza que tengo es que a través de un ejemplo continuado por varios focos le gente vaya aprendiendo a hacer bien las cosas. Mientras tanto no, Clara, no estás legitimada para pasarte a la comunidad por el forro. Ojo, legalmente puede que estés legitimada para ignorar a tu gente cuando tienes el poder “porque si no le gustase, que no me hubiesen elegido”; pero eso está mal. Muy mal. Mal nivel echarle azúcar al colacao (que te vas a morir con diabetes, Miguel que te cuides).
Tratar de ayudar en lo que puedas, recuerda que mañana sigues teniendo que coser el traje tú..
Así que en definitiva, rehuid del poder y de usarlo. Rehuid de darle el poder al primer iluminao que te diga “tú confía, bro, que yo de esto sé demasiado”. Rehuíd de, una vez conferido cierto poder a alguien, “yo confío en ti”. No confíes en nadie, ni en tu colega, y pídele pruebas, tickets, justificaciones, pruebas (sí, dos veces o más, que está administrando cosas comunes, leñe). Pídele hasta que dedique tiempo para explicarte lo que necesites entender.
Y si alguna vez te toca ponerte la máscara de Spiderman y tratar de ayudar en lo que puedas, recuerda que mañana sigues teniendo que coser el traje tú. No le digas a nadie que haga tus movidas. Es tu vida, tu trabajo, tu casa, tus problemas. Soluciónalos tú. Como en el pilla-pilla en el cole: con todos mis compañeros, pero yo primero.
Un saludo cálido