En el barrio obrero de Palmete, en Sevilla, acaba de ocurrir algo que no podemos dejar pasar de largo. Once familias, con nueve menores, han conseguido quedarse en sus casas. No gracias a ningún partido político ni a una negociación en despachos. Se han quedado en sus casas gracias a la organización de más de 25 colectivos, entre los que CNT Sevilla ha estado presente. Organizaciones y colectivos que se han movilizado para ayudar a estas familias, saliendo a la calle y plantando cara.
La historia es conocida en nuestros barrios. El Banco Santander, a través de un fondo buitre, se hizo con unas viviendas de protección oficial. Una jueza lo avaló y el Estado miró hacia otro lado. Y a estas familias les dijeron lo de siempre: resignaos; el banco tiene mucha fuerza y no sois más que daños colaterales. Mientras las familias recibían esa respuesta de todas las instituciones, tenían una orden de lanzamiento para el pasado 5 de diciembre.
Pero estas familias, incluidos nueve menores no se resignaron. Se pusieron en contacto con Barrios Hartos, organización que lleva ya años de luchas en barrios obreros de Sevilla, que empezó a mover la situación. Tras asambleas, reparto de octavillas, megafonías y el apoyo de más de 25 organizaciones, pusieron el caso en el centro del debate. Y lo que no se había movido en meses de silencio, respuestas ambiguas y negociaciones a puerta cerrada, se movió en días con la unión de la clase trabajadora.
El día 19 de febrero, Emvisesa, Empresa Municipal de Vivienda de Sevilla, anunció que el bloque de la calle Verdad pasa al parque público de viviendas, con alquileres de entre 200 y 250 euros. El día 19, quien se fue a la calle fue el Santander. Se quedan las once familias en sus casas.
No estamos hablando solo de cifras ni de titulares. Estamos hablando de nueve menores que no han tenido que dormir en la calle, de madres y padres que no han tenido que explicar a sus hijos por qué perdían su hogar, de vidas que no han sido arrojadas a la incertidumbre. Defender una vivienda es defender la estabilidad, la salud y la dignidad de una familia trabajadora.
Esto no es un regalo de las instituciones. Es una demostración práctica de algo que hace mucho tiempo hemos olvidado: la solidaridad y la acción directa funcionan. Cuando estamos organizados, con conciencia de clase y sin esperar a que una institución nos salve, las cosas empiezan a moverse. El miedo cambia de bando.
Mirar hacia otro lado y no hacer nada es formar parte del problema
La banca, que sigue debiendo miles de millones de euros a la sociedad española, y los fondos buitres, que sobrevuelan los barrios para especular, siguen desahuciando a miles de familias cada año. Y el 19, en Palmete, hemos mostrado el camino: hemos demostrado que se les pueden parar los pies.
No pedimos caridad ni favores institucionales. Exigimos nuestros derechos. La vivienda no puede ser un negocio. Lo que se ha conquistado en Palmete no es una concesión: es una victoria arrancada mediante organización y una lucha que funciona.
Mirar hacia otro lado y no hacer nada es formar parte del problema, es ser colaboracionista del mal de la persona que sufre, que padece cualquier injusticia. No vale justificarse con así es la ley, así son las normas. Pensar que como a mí no me afecta no me voy a involucrar, crea una injusticia que no evita que mañana la sufras.
¡Organízate y lucha!
